Frank Gehry

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“I think my best skill as an architect is the achievement of hand-to-eye coordination; I am able to transfer a sketch into a model into the building”.

Este arquitecto estadounidense, nacido en Toronto en 1929, logra con sus construcciones traspasar el límite entre una obra escultórica y una obra arquitectónica. Los edificios que estamos acostumbrados a ver, o a usar, siempre están acotados por ladrillos infranqueables o paredes de vidrios incandescentes.

Louis Kahn exigía a un ladrillo convertirse en una pieza de oro, para construir sus espectaculares edificios. Gehry exige a sus murallas abandonar todo límite terrenal para proyectarse hacia el espacio infinito con zigzagueos aleatorios.

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En la universidad no le fue bien, incluso sus profesores lo animaban a retirarse y dedicarse a otra cosa. El hombre, testarudo, prosiguió su aprendizaje y llego a construir cosas como esta:

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El Museo Guggenheim de Bilbao.

Bilbao es una ciudad pequeña, que ha duplicado el número de visitas anuales por tener esta obra. Se ve la importancia de gastar los recursos de la ciudad en algo tan banal, para algunos, como un Museo. El retorno del llamado gasto se ha convertido en una gran inversión. La cultura genera patrimonio. Comparando la visión del Eusko Jaurlaritza (Gobierno Vasco) con los ojos conjuntivíticos  del gobierno chileno, vemos lo lejos que estamos de llegar a contar algún día con una obra del tamaño y del calibre como lo es el Museo Guggenheim de Bilbao.

La oportunidad la brindó el canal de Chacao, construir un puente que una el continente chileno con la Isla de Chiloé era lo esperado. El proyecto ganador fue una línea recta sostenida por unos cuantos pilares que nos decían no se caerían. Ningún diseño, ninguna Arquitectura y ninguna visión de grandeza tienen las contruciones estatales. No es difícil pensar en construir el puente más grande de América con un diseño que nos deje a la vanguardia de la arquitectura mundial, para que nos genere mayores ingresos de toda índole.

Pero la autoridad entrega estos proyectos a la burocracia que la adjudica a empresas constructoras que compiten por el menor costo. Lo primero que recortaran estas empresas es precisamente el Arquitecto de primer nivel, sustituyéndolo por un grupo de ingenieros, que acabaran construyendo algo funcional y sólido (eso de no recibir coimas para abaratar costos). Atroz, pero económico. Es sorprendente la falta de Voz del Colegio de Arquitectos, por no hablar de los diferentes Centros Educativos de Arquitectura, que deberían preocuparse por el camino errado que sigue (sin desviarse) la Autoridad.

El Colegio, con esto, da su visto bueno a estas mediocridades construidas. Vemos el mismo edificio, imitaciones baratas de Mies van der Rohe, copiado hasta el cansancio. Lo único que cambia es el color de los balcones y el techo. Con esa mentalidad, burocrática y mediocre, tenemos que lidiar los usuarios de puentes, edificios o parques estatales. Con esa mentalidad, funcional y ahorrativa, egresan de las escuelas de arquitectura los futuros constructores de Chile.

Al final el proyecto del puente funcional se deshecho, no por lo feo sino por lo caro. Chiloé seguirá siendo una Isla para bien o para mal.

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