Costanera Norte Pas de Deux

104.jpg

El vivir la adolescencia en un país como Colombia lo deja a uno con un gran bagaje musical. Los colombianos, como sabemos, son un pueblo alegre y siempre dispuesto a divertirse. El ver bailar a estos seres con una maestría digna de envidia lo deja a uno, simple chileno, con un grado de inferioridad terrible. Jamás me recuperé, por lo que mi visita a las Discos ha sido muy limitada y espaciosa en el tiempo.
Al no poder bailar decidí dedicarme a ver bailar, algo mucho más cómodo, siempre se lleva la ventaja si es uno el que critica y no participa. El inconveniente al dedicarse a esto, en las Discos, es que si se admira a un hombre se corre el riesgo de pasar por homosexual o ligarse al admirado en cuestión. Al desviar los ojos hacia Ellas, corremos el riesgo de salir dándonos trompadas con algún galán celosillo. Terrible dilema, este de ver bailar. Por eso decidí pagar entrada y sentarme a ver, pero esta vez Ballet.
El ver gente como Julio Bocca y Eleonora Cassano danzar sus pas de deux me deja con una gran ventaja para juzgar futuros bailarines. Haber visto (lamentablemente solo por video) a una pareja como Nureyev y Fonteyn, y otros virtuosos mas, me dio el conocimiento para poder juzgar a los argentinos.
Ver esta excelencia también me dejo sin ganas de dedicarme al Ballet Clásico. ¿Quién soy yo para poder superar a tan afamados dúos? Nunca mis Batteries o Cabrioles seran ejecutadas con maestría.
Mi vida transcurría con estos parámetros establecidos, el solo ver bailar sin participar, hasta que llego a mi  Costanera Norte.

Ella sin ningún tipo de aviso o moral, quizás rozando lo promiscuo, se tiró a mis brazos haciéndome participar en un pas de deux infernal. Al terminarlo solo me quedaba fumar un cigarrillo entre jadeo y jadeo. En un principio no quise aceptar el hecho de haber sido usado y tirado, como una prostituta barata, pero debo reconocerlo al final. Lo trágico de la historia es que debo aceptarla todas las mañanas y tardes, Costanera Norte abusa de mí y no sé a quien pedir ayuda. Entre giros y detenciones súbitas me sobrepasa un conjunto de Cisnes que aleteando desaparecen de escena, envueltos por la bruma. Soledad pasajera. Nuevamente la velocidad me lleva al centro de la bandada que trata de excluirme pisando los aceleradores con sus piesecitos palmípedos. No quiero bailar mas los pas de deux con una aspirante a prima donna que no me deja pasar al carril de salida, permítanme volver a maravillarme solo como espectador.

Supongo que los señores ingenieros de Costanera Norte al colocar las salidas de la autopista diez metros después de la entrada pensaron en hacer bailar, estos pas de deux, no solo a mí sino que a todos los chilenos. Invariablemente los automovilistas que entran tendran que cruzarse con los que van de salida en la autopista Costanera Norte. Quizás algunos de mis compatriotas carezcan del sentido estético para poder apreciar esta sutileza de los constructores,  por mi parte, ya inmerso en esta relación sadomasoquista, les doy las gracias. Espero con ansias, cada vez que “salgo y entro” por Av. Manuel Rodríguez, Ruta 5 y Ruta 68, empezar el pas de deux mortal, sé que llegara el día que termine chocándome con otro conductor agregándole un toque de sangre a la parte del Adagio en esta representación. Esta variación del Pájaro de Fuego alegrará a Vaslav Nijinski en su tumba de flores; queda como único consuelo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s