Plaza de Armas de Santiago

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La plaza de Armas de cualquier ciudad o pueblo latinoamericano es un reflejo de sus ciudadanos. Es el punto cero de donde salen todas las cotas de ubicación de calles o edificios; si esta a dos cuadras al norte de la plaza de armas nos da una rápida referencia del lugar buscado. Al contar en su perímetro una Catedral o Iglesia y una Municipalidad o Ayuntamiento aumenta el valor del suelo, tenemos los poderes políticos y eclesiásticos conviviendo en la misma manzana. Con esto quiero decir que es importante la Plaza de cualquier pueblo, a su vez, es un punto de reunión para diferentes tipos de manifestaciones o citas. Es un lugar para tomarse unos minutos, sentarse y descansar viendo el mundo pasar. Muchas cosas se pueden hacer en las Plazas; Bandas de Músicos presentan su repertorio, jugadores de ajedrez nos presentan sus habilidades, pintores exhiben sus obras y un largo etc.
Sin embargo la Plaza de Armas de Santiago no tiene ese espíritu de fomentar inquietudes artísticas o apaciguar el stress en las personas, ni siquiera da para tomarse un segundo y mirarla.

No hablaré de las esculturas que la rodean, eso depende del gusto de cada uno. Lo que es aberrante son las luminarias. Hay unos pocos faroles que conservan la tradición pero en el frente de la Catedral colocaron unos palos naranjas con focos de estadio de fútbol. Cumple el objeto de alumbrar, sin iluminar, con una carencia absoluta de sentido estético. La Plaza debe ser un remanso de paz y tranquilidad para los santiaguinos agobiados por la velocidad. En la vereda adyacente vemos como el Portal Fernández Concha ha sido invadido por pequeños comercios, kioskos,  que conforman el Paraíso de la grasa, el rey de ellos es Don Pepe, acaparando más del 90% de la oferta ya no chatarra sino basu-tarra. Vallas publicitarias, por el frontis de calle Compañía, son rayadas y meadas con una prolijidad de susto. Por la vereda de calle Estado encontramos El Portal Bulnes. El cual nos ofrece pequeños negocios con un surtido tremendo de bolsos chinos, tan grande es el surtido que apenas deja espacio para circular dentro del Portal. Por fuera, frente a la plaza, un hombre con traje de portero del Ritz, nos ofrece entrar a degustar diferentes tipos de señoritas. Terminando nuestra vuelta, nos encontramos las dependencias del señor ingeniero, por calle Catedral. Los tono azul y amarillo destacan; es un sello de los hombres UDI marcar su territorio con estos colores. Hasta los basureros tienen los colores reales. Esto, lo de los colores del estandarte, es copiado de algún viaje a Venecia que debe haber realizado algún prócer del partido. Claro que hay una pequeña diferencia entre la Plaza San Marcos y nuestra Plaza, la primera esta diseñada para ser usada por personas, la segunda esta pensada para cualquier cosa menos ser usada. Como ejemplo podemos observar unos bancos sin ningún tipo de diseño ergonométrico, además es imposible utilizarlos en verano por la carencia absoluta de sombra a su alrededor. Pasa a ser un martirio el sentarse en ellos, claro que pensándolo bien, es una buena manera de expiar nuestras culpas.

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