Las Dos Copa América

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Tan diferentes en un principio pero tan iguales en un final.

El martes 26 tuve la dicha de ver una de las mejores regatas competidas en los últimos años. El equipo Neocelandés, en su velero Fly Emirates comandado por Dean Barker derroto al velero Suizo Alinghi patroneado por el también Neocelandés Brad Butterworth. Emocionante hasta la última pierna donde finalmente los Kiwis ganaron con una escasa ventaja. Terminaba así la tercera regata de esta Copa América en las costas de Valencia (España).
Ese mismo día empezaba la otra Copa América en San Cristóbal, Venezuela. Mientras Chávez daba su discurso inaugural pensaba en las similitudes de estas dos copas. El fútbol, pasión de multitudes, ha terminado convirtiéndose en una válvula de escape para las diferentes frustraciones de sus seguidores empedernidos. No hay nada mejor que ser parte de una tribu que gana alguna batalla en terrenos extranjeros. Batalla dada en la Cancha como en las tribunas. Los seguidores, hinchas, garras bravas o guerreros, como quieran llamarlos, demuestran lealtad a su Equipo/Tribu/País con insultos, sacadas de cresta y madre a los rivales de turno.
Es emocionante ver tal despliegue de fuerza bruta bajo la bandera FIFA del Fair Play. En nuestro caso Chileno, tenemos tantas derrotas que las garras bravas nacionales todavía carecen de esa mística argentina o uruguaya, pero ya lo lograremos.

Lo triste de la historia es el caso de la primera Copa América, la creada en 1851, que tiene a los Neozelandeses discutiendo por la nacionalidad del equipo Suizo, donde participan 5 de sus compatriotas, además de estadounidenses y otras nacionalidades. Quieren que en futuras confrontaciones solo sean los miembros de un solo país los que se enfrenten. Es decir los miembros de una sola raza o tribu. Curioso para un país como Nueva Zelanda hecho por colonos Británicos y otros inmigrantes, quedan muy pocos maoríes dando vuelta en Auckland, que se vuelvan tan xenófobos. Lo bonito de La Vela es el carácter internacional de sus competencias como el ánimo de unidad global en todos los que participan en las regatas. Lo primero que se enseña en las escuelas de vela es no tener nacionalidad ni territorio solo las ganas de transmitir sin egoísmos, a otro ser humano, los conocimientos aprendidos, para así navegar en un Mar de todos y para todos. Por lo menos eso es que lo que yo aprendí, hace unos 30 años, en la Costa Catalana, vecina de Valencia.

Cae en desgracia el espíritu inicial, de los hombres de la Vela, para verse coludido en batallitas minúsculas hechas por hombres con igual cantidad de cerebro.

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